Desde siempre he sido una mujer apasionada con mi vida y mis proyectos. Tuve la firme intención de prepararme, de trabajar, de planificiar mi vida. Nunca quise apresurarme con decisiones sobre el matrimonio y los hijos, al contrario, me tomé todo con calma. Termine mi licenciatura y mi maestría antes de casarme. El que ahora es mi esposo entendió siempre mis razones y me apoyó cada minuto. Los años fueron pasando y, cuando finalmente decidimos que era el momento de tener un bebé, nos ilusionamos juntos. Más el tiempo pasó y hoy, después de muchos meses, muchos intentos y muchas pruebas de embarazo negativas, seguimos esperando.
Las visitas al ginécologo, los test de ovulación, las pruebas de embarazo, se han vuelto parte importante de mi vida cotidiana. Pero cada mes me consumo un poco más, porque no puedo evitar ilusionarme en que esta vez si estaré embarazada, y cuando el predictor me enseña su lado más perverso con un negativo, las lágrimas escurren solas, mientras me consumo en una nueva depresión.
Sin embargo seguimos intentado, seguimos esperando. Hacemos todo lo posible (y lo disfrutamos) para lograr este hijo. Sé que será pronto, pero no saber cuando será me atormenta. Aún así difruto siempre al máximo la vida, disfruto de mi esposo y de cada momento que pasamos juntos. Sé que no soy la única y que hay muchas mujeres en mi situación. Sé también que este espacio puede ayudarlas a no desesperar, si no a esperar con calma... y con infinita paciencia.